D. DIEGO

BARRENA

GÓMEZ

sacerdote

emérito

 
Tuve la oportunidad de conocer a Don Diego por que en el diario Hoy aparecía el articulo del que abajo inserto enlace, en el que contaban que a un sacerdote de Calamonte le habían concedido una medalla. Empecé a buscar en Internet a ver si aparecía algo sobre el y me sorprendió descubrir que en Badajoz tenía una calle y gente de la barriada la Estación contaban que había hecho una labor social encomiable en las zonas marginales, por esa razón le propuse a Andrés Quesada hacerle una entrevista para Calamonteradio y como consecuencia de esa entrevista descubrí que con sus 96 años tiene una curiosidad enorme por las nuevas tecnologías, desde entonces trato de asesorarle para que se maneje con Internet, todo un ejemplo para aquellos mucho más jóvenes que no saben ni encender un ordenador y lo mas grave no tienen interés por averiguarlo.
 
 
APUNTES BIOGRAFICOS
Nace el 24 de Junio de 1915, en el domicilio familiar, sito en la C/ Norte nº 1 de Calamonte. Su padre es un agricultor llamado José Barrena Barrena, hijo de Fermín Barrena Gonzalez y de Manuela Barrena Hernandez, su madre Adelaida Gómez Sanchez hija de Juan Gómez Fernandez y Manuela Sanchez Morcillo. Diego es el tercero de cinco hijos, Ana, Leonardo, Diego, Catalina y Emilia.

El 26 de Junio de 1915, es bautizado en la parroquia de nuestra Señora de la Asunción de Calamonte, por don Primitivo Guillen y Real, con el nombre de Juan Diego por haber nacido el dia de San Juan, los padrinos son sus tíos maternos Amalio y Manuela Gomez Sanchez.

Asiste a las escuelas parroquiales dirigidas por el sacerdote don Benedicto, como el cuenta en uno de sus libros, se acerca a la parroquia de la mano de un monaguillo de mote el Cuco, que tocaba muy bien las campanas y Diego quería aprender, terminando el mismo como monaguillo de Don Primitivo.

Es confirmado el 17 de Octubre de 1922 por el obispo don Ramón Pérez Rodríguez, en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Calamonte, siendo padrino don Pedro Macías Gajardo.

Conoce a don Leocadio Galán en un permiso que le dan a este ultimo en el Seminario, por encontrarse algo enfermo, el trato con don Leocadio acrecentó su interés por ingresar en el Seminario.

En 1928 a la edad de 13 años, siendo Obispo don Ramón Pérez Rodríguez, ingresa en el Seminario de San Antón de Badajoz. En 1931 gana las elecciones el Frente Popular y en Badajoz se producen altercados, disturbios, incluso la quema de algunas iglesias en la capital de la provincia, razón por la que los padres de los seminaristas van a recoger a sus hijos, pero Diego tranquiliza a su familia, pero decide continuar en el seminario.

El conde de Torre Fresno benefactor del Seminario, establece dos becas por un importe de 400 pesetas anuales cada una, para ayudar al sostenimiento de dos seminaristas, Diego fue merecedor de una de esas becas hasta que abandonó el Seminario.

Se libra de hacer la mili por su quinta, ya que es rechazado por ser estrecho de pecho, sin embargo tras el golpe de estado del General Franco, es llamado a filas y enrolado con el grado de Alférez, tiene como destino la vigilancia de un campo de presos y tras la caída de Guadalupe en manos del bando Nacional, se le traslada para dar custodia al monasterio, en esos momentos acosado por los ataque nocturnos de los Maquis, que hacían incursiones en Guadalupe desde las montañas próximas.

Terminada la guerra civil, siendo obispo de Badajoz don Jose María Alcaraz Alenda, Diego retorna al seminario de san Antón, según el cuenta con la vocación reforzada gracias a la intercesión de la Virgen de Guadalupe, a la que considera artífice de que saliera ileso de una escaramuza militar en la que hubo varios heridos.

El 21 de Junio de 1942 es ordenado sacerdote en la Catedral de Badajoz por don Jose María Alcaraz Alenda.

Su primer destino como sacerdote es la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Arroyo Molino de Montanchez, pueblo muy cercano a Alcuescar, donde don Leocadio Galan ejercía de sacerdote y Diego visito en muchas ocasiones.

Su segundo destino es la parroquia de la Purísima Concepción en Montemolin, se trata de una parroquia con un edificio monumental que alberga algunas obras de arte significativas y que contaba con el mecenazgo de una familia importante de Azuaga.

Es trasladado a Segura de León muy cerca de Montemolin, Diego comenta en uno de sus libros que no ha conocido un pueblo con mas fe que este y que de entre sus gentes han nacido muchos religiosos.

En 1956 es trasladado a la parroquia de San Fernando y Santa Isabel en la Barriada de la Estación de Badajoz, donde ejercerá como sacerdote hasta el momento de su jubilación en el año 1990.

Es en este destino donde Diego despliega una labor social encomiable, atendiendo a los focos marginales que se han creado como consecuencia de la emigración de los obreros del campo a la ciudad, en busca de un puesto de trabajo en la incipiente industria que se está implantado en la Capital de la provincia.

Crea escuelas, comedores, botiquines, asistencia sanitaria gratuita con médicos voluntarios, se encarga de parte de la logística para el alojamiento de los vecinos de las Moreras, barrio de chabolas en la margen del río, que prácticamente todos los inviernos se inundaba, Diego movilizaba a voluntarios que trasladaban y alojaban a los afectados en almacenes, locales vacíos, etc. y buscaba el sustento para alimentarlos el tiempo que tuvieran que permanecer allí hasta que pudieran retornar a sus viviendas.
Organizaba las cenas de Navidad, cenas para indigentes que se pagaban con donativos y que servían voluntarios y trabajadores de las fábricas durante el mes de Diciembre, llegando a dar 80 cenas diarias.
Repartía 300 litros de leche diarios entre los niños de las Moreras, Las Canteras y los Barracones, leche en polvo que mezclaban con agua según el mismo cuenta, en una lavadora antigua.
Compró un solar y en el montó un cine de verano llamado el Ideal, con la intención de obtener recursos económicos para proseguir con su labor social.
Crea los campamentos de verano, campamentos en los que los niños de los focos marginales podían tener unas vacaciones, comer caliente, bañarse y convivir con otros niños en Botoa.

En reconocimiento a esta ingente labor social, el 26 de Octubre de 1992 don Manuel Celdran propone a la Corporación de Badajoz se ponga el nombre de Don Diego Barrena a una calle de la ciudad, petición aceptada por la corporación por lo que la calle que va desde la de Portalegre y la de Arguello Carvajal se llama Diego Barrena.

Tras su jubilación en 1990 comienza su actividad como escritor publicando cuatro libros, en el año 2000 pública “ La Barriada de la Estación 1860-2000” ; en el 2003 “ Virgen de Botoa Copatrona de Badajoz influencia religiosa y social”; en 2006 “ El seminario de san Antón en la cañada de SanchaBrava 1927-2004”; en 2011 “Guadalupe monasterio y cultura de arte”.

En 2011 se le impone la medalla anual de la Diócesis de Mérida en reconocimiento a su ingente labor pastoral durante 47 años de sacerdocio.

Actualmente Diego tiene 96 años, es sacerdote emerito, vive junto con su hermana Emilia en Calamonte, participa en la medida en que su salud se lo permite en las actividades de la Parroquia, utiliza Internet, tiene correo electrónico y una ilusión tremenda en un proyecto social importante.

Andrés Pérez

 
RECUERDOS DE LA INFANCIA

Señor quiero escribir algo de mi vida. Ayúdame a poner estas ideas y que sirvan para gloria tuya y humildad mía.
Mi padre Jose Barrena y Barrena .nació el 21- 5 - 1884, se caso con mi madre el 28-11-1908 y murió el 8 -3 -1957 .
Mi madre Adelaida Gómez Sánchez nació el 16 -10 -1883 y murió el 11-3 -1941

Mis hermanos. Ana nació el 7 – 8 -1909, Leonardo el 30 - 11-1913, Catalina 31-12-1920 y Emilia nació el 15-8-1923.

Mi familia vivía en la calle del Norte n 2 cuando nací el 24 de junio de 1915 festividad de S. Juan Bautista y en el registro civil me pusieron Juan Diego.
Mis padres humildes trabajadores de tierras arrendadas. Mi padre fue siempre un trabajador que solo vivía para trabajar de sol a sol, era de carácter duro de poca cultura, defendiéndose con las cuatros reglas de las cuentas y escritura.
Mi madre la mayor de ochos hermanos trabajó mucho en la familia, una vez casada con mi padre se fueron a vivir con una tía de mi madre llamada Pilara, en la casa donde nací yo.

Con los ahorros de los primeros años mis padres compraron una casa en la calle Murillo, allí transcurrió mi infancia desde los desde los cinco años. Tendría unos seis años cuando empecé a ir a la escuela, entonces había dos escuelas, una particular de la maestra Andrea y la nacional, a la Nacional llegó un maestro neurasténico y presumido, que abría la escuela a las nueve o a las diez de la mañana según el sueño que tenía, en esta escuela aprendí muy poco, pues uno de los alumno mayores nos enseñaba la cartilla y los palotes en una pizarra de piedra que teníamos.
Yo tenia pánico a este maestro, nos castigaba poniéndonos de rodillas yo pasaba mucho miedo porque cerca estaba la cárcel. Fui también a la escuela de la maestra Andrea, esta mujer era de un carácter varonil, dominaba a veintitantos alumnos de 12 y 13 años, que con los pequeños llenaba todo el zaguán de la casa, y con una correa en la mano imponía disciplina en la clase y era una mujer que sabia enseñar.
Tendría unos siete años cuando me hice amigo de un monaguillo que vivía frente a mi casa, le llamaban el Cuco, repicaba muy bien las campanas y un dia me subió a la torre y me enseñó a tocarlas y me presentó al cura para monaguillo al entrar de monaguillo dejé la escuela de la maestra Andrea y pasé a la Escuelas Parroquiales
VIDA FAMILIAR.
Fue dura, propia de aquellos tiempos. Mis cinco hermano y yo solo dependíamos de los brazos de mi padre un arrendatario de tierras ajenas, de la cosecha había que dar al dueño el cuarenta y tantos por ciento de la producción y en algunas ocasiones hasta el cincuenta por ciento, la otra parte había que partirla con mi abuelo que llevaba la labor con mi padre, por lo que la parte que se percibía era escasa y había años que la producción del campo fallaba por el clima y entonces las necesidades de la familia eran mayores.
Mi madre de un corazón delicado, trabajaba por mantener la familia, un día a la semana se levantaba muy temprano y con un cesto grande ropa se marchaba a la fuente, distante un par de kilómetros del pueblo y se llevaba lavando hasta el mediodía que iba yo a por ella y recuerdo que en los meses de calor cuando volvíamos pasábamos un calor asfixiante y después a preparar la
comida.

En invierno pasábamos mucho frió pues en la cocina que teníamos no funcionaba la chimenea y hacia un humo insoportable, y por la noche solo teníamos un brasero con el picón hecho por mi padre de los sarmientos de las parras.

Al año se mata un cerdo cebado con los desperdicios de la casa, melones y sandias. Era la única carne que se comía, ya que de aquí salía el chorizo, el tocino, el mondongo, la patatera y todo los demás productos del cerdo. El cocido era la comida del mediodía, por la mañana el desayuno eran las migas o las tostadas con aceite o con manteca, por la noche, sopa de tomate, gazpacho, patas fritas o peces fritos y de postre sandia, melón, brevas y aceitunas, en tiempo de las naranjas vendían unas naranjas de Cotorrillo pero eran tan agrias que yo apenas las comía.
Había un puesto de carne que se ponía un dia a la semana junto al ermita de San Jose. Cuando uno caía enfermo en la familia se mataba un pollo para alimentar al enfermo.
Los grades propietarios del pueblo tenían rebaños de ovejas y piaras de cerdos, cuando moría alguna de las ovejas la vendían al publico sin reconocimiento de la res muerta. Los dueños de las ovejas hacían quesos que vendían en el pueblo.

En las sierras del pueblo había un rebaño grande de cabras, vendían la leche y quesos, estos productos de las cabras ocasionaron en el pueblo las fiebres maltas incluso murieron algunas personas por el desconocimiento que había de esa enfermedad. La leche de vaca se tomaba con mas frecuencia, sobre todo cuando estábamos enfermos. Había un paisano llamado Bernardino que tenia una vaquería de la que vivi toda su familia, recuerdo que muchas días salían con las vacas y las ordeñaban en la calle, por diez céntimos te bebías un vaso de leche desde la misma vaca.
Mi padre no tenia otro vicio que el tabaco y había que comprar una cajetilla de tabaco que valía 15 céntimos y como a veces en casa no había dinero, mi madre vendía los huevos de las gallinas, algunos kilos de garbanzos o cebada para conseguir el tabaco para mi padre.
Parte del trigo que se recogía se le llevaba al panadero, que lo pagaba con vales de pan para todo el año, se le daba una cuartilla de trigo al medico, otra al barbero. Un corredor de grano llamado “Maero” compraba el trigo en verano pero algunos agricultores para conseguir mejor precio lo guardaban en silos y lo vendían en invierno mas caro. La cebada se apartaba una buena cantidad para pienso de las mulas, para las gallinas y para cebar el cerdo. Los garbanzos eran para el consumo diario en el cocido, se guardaban los necesarios para el consumo del año y el resto se vendía. Otros productos del campo eran los melones y sandias que se vendían en el mercadillo de Mérida. Teníamos en La Grulla una viña con una hermosa higuera, que producía unos higos estupendos que secábamos y se comían de postres con las aceitunas del año, y no había otras frutas, salvo las naranjas del Cotorrillo que como ya he dicho eran tan agrias que yo apenas las probé.
Los tostaos eran garbanzos cocidos y después tostados que con harina sabían muy bien, un hombre los vendía por la calle, por un vaso de garbanzos naturales te daba otro vaso de tostaos.
La ropa la compraba mi madre en comercio de Quico el Cuervo cuando se vendía el trigo o otros productos de campo.
MI VIDA DE MONAGUILLO. Debió empezar a los siete años,
El Cuco un dia me llevo a rerpicar las campanas y me encanto su trabajo de monaguillo, se lo dijo al párroco y entre de aprendiz de monaguillo, estuve de aprendiz casi un mes, pues había que aprenderse el Judica me, Domine con que empezaba la Misa, el Confiteor y todas las respuestas de la Misa. Aprendí mal el Confiteor y un dia ya ordenado de menores le ayude al obispo la Misa y me llamo la atención por que recitaba mal las terminaciones del Confiteor.
D. Primitivo Guillén que era el párroco me acogió con cariño .AI ser monaguillo empecé a ir a Las escuelas parroquiales, que gozaban de un gran prestigio en el pueblo. Estas escuelas fundas por D. Ezequiel Solana, párroco de Los Santos de Maimona. Con los cursos de mayores estaba D. Benedicto que era un gran maestro y D.Antonio Casimiro y con los pequeños D. Primitivo a esta clase de pequeños fui yo pero aprendí poco. Mi vida en la parroquia se deslizaba con una gran responsabilidad, todos los días ayudar a Misa que se me hacia pesado. La semana que me tocaba me levantaba temprano, tenia que ir a por la llave de la Iglesia a casa del sacristán y tocar el Ave Maria .Mi buena madre con cuanta insistencia tenía que llamarme, también tenia que estar pendiente de tocar a las doce y por la noche, pasaba mucho miedo cuando tenia que subir a la torre y encender la lámpara del Santísimo por que Iglesia estaba totalmente vacia.
Cuando tenia unos 9 años aprendí a rezar el rosario y algunas veces que el tiempo estaba malo y solían ir pocas mujeres D. Primitivo me permita rezarlo. La organista era María la ciega, que había que traerla y Llevarla, cuando había que tocar en los bautizos o en los ensayos yo muy gustoso le hacia de lazarillo.
Disfrutaba mucho en Semana Santa y las novenas de la Inmaculada, se celebraba con gran solemnidad, luces extraordinarias, flores, macetas sin cuento, ensayo de las Hijas de Maria, que hacían la corte a la virgen en dos reclinatorios puestos al empezar las gradas del altar.
Cuantas veces me quedaba dormido por que las letanías y el sermón se me hacían muy largos, mi vida pendiente siempre de la Iglesia me hacían tener pocos amigos que no fueran monaguillos y mis juegos eran muy cerca de la IGLESIA el párroco estaba muy pendiente de mi y eso me acarreo algun que otro disgusto.
Había por aquel tiempo dos seminaristas del pueblo Francisco Carvajal y Leocadio Galán, el primero se salio del Seminario, se hizo maestro y murió fusilado en la guerra , el segundo fue ordenado sacerdote y enviado a Alcuescar. Leocadio me quería mucho y me propuso marchar al seminario, yo tenia unos deseos locos de ser seminarista. Tendría unos once años cuando empecé a prepararme para el seminario, me daba clase D.Primitivo y llegué a aprender bien las declinaciones y los verbos pero adelantaba poco, en invierno me daba clases Leocadio pero tampoco avanzaba lo suficiente y un verano me las dio Francisco y aproveché mucho por que enseñaba muy bien. Recuerdo que una vez se enfado D. Primitivo conmigo y me hecho de la Iglesia y mi padre indignado me llevó al campo y allí estuve dos días, pero a mi no me gustaba y estaba deseando volver a la Iglesia, mi madre sufrió mucho por esta decisión de mi padre y pasado estos dos dia del campo, por la noche a la hora del
rosario me fui a la puerta de la Iglesia y al entrar D. Primitivo me dejo entrar en la Iglesia y continué siendo monaguillo.
Los años se me hacían muy largos. Por que como yo no estudiaba lo suficiente, ni tenia buenos profesores no acababa de estar preparado para hacer el ingreso en el seminario.
Por fin en el curso 1928 al 29 me decidí a hacer las pruebas para ingresar en el Seminario, pero en este año el Seminario nuevo estaba haciéndose y no pudimos ingresar hasta primero de Diciembre, nos examinamos de ingreso en Mérida en casa de D. Cesar Lozano párroco de Santa Eulalia, los dia se me hacia interminable. En casa m madre como una abeja laboriosa me fue preparando la ropa del Seminario, la sotana, la collareta, el mantón de trapo que ella tejió en un telar del pueblo, ella me cedió el baúl que llevo como dote de su matrimonio. Con que ilusión ella hablaba a los conocidos
de la vocación de su hijo, como disfrutaba comprando las cosas necesarias a pesar del gran sacrificio económico que le suponía.
Llegué al seminario un dia de noviembre de 1928, me acompaño D. Primitivo, me examine para primer curso y no aprobé, pues venia mal preparado.
La entrada en el seminario era la casa de la huerta que se compro para hacerlo, los de Primero fuimos al pabellón de la izquierda los de 2º y 3º ocuparon el pabellón de la de la derecha planta baja, la capilla en el centro estaba sin terminar.
La disciplina en el primer curso era muy dura D. Juan Rodríguez el rector, nos trataba como si estuviéramos en un cuartel si estábamos en el recreo al tocar la campana para terminarlo había que dejar la pelota inmediatamente y formar en fila, cuando íbamos en la fila no se podía mirar atrás, ni hablar, en silencio íbamos al comedor, a las clases, a veces el rector se escondía en recodos del edificio y cuando veía hablar a alguien le castigaba con una bofetada. Este rector nos asustaba tanto que cuando lo veíamos venir nos echábamos a temblar, había veces que al entrar en el estudio encontraba alguno enredando lo ponía de rodillas y así permanecía hasta que el volvía por el estudio y le levantaba el castigo, tardando algunas veces hasta un dia en volver.
AI final de mes nos leían las notas de estudios y también la de urbanidad y conducta, los zapatos sucios, un botón mal abrochado, el ir mal peinado, el empujar a un compañero o tratar mal las cosas eran actitudes mal consideradas y que se exponían públicamente para vergüenza del que lo había hecho.
El segundo curso lo pasé en Villafranca de los Barros en un caserón adaptado para seminario, no tenia campo para jugar y salíamos a las eras del pueblo, El Rector D.Juan Villares era también un poco estricto pero mas asequible que el anterior curso.
El cuarto curso Fue para mi el mas duro del Seminario, tenía 17 años me ilusionaba una carrera civil, mi vocación titubeaba, por otra parte yo no podía dejar el seminario pues mis padres no podían costearme una carrera, para colmo tenia un profesor de latín D. Felix Agras, que hacia honor a su apellido pues hera de carácter agrio e irritante, yo en ese curso no dominaba bien el latín y cada vez que me preguntaba me ponía nervioso y me hacia sufrir, daba tales voces que oían en los pasillos.